miércoles, 20 de septiembre de 2017

EL PEZ ARCOIRIS Aprendiendo a compartir

    la Bruja Tapita nos ha traído un cuento muy especial EL PEZ ARCOIRIS.

    En lo profundo del océano, en un lugar muy lejano, había una vez un pez muy hermoso al que todos los peces llamaban Arcoiris. Poseía un traje de escamas brillante que tenía todos los colores del arcoiris. Era el pez más hermoso de todo el océano.

   Los demás peces le admiraban y le llamaban para que fuera a jugar con ellos pero el Pez Arcoiris nunca quería jugar con los demás. Un día un pequeño pececito azul se acercó y le pidió una de sus brillantes escamas. Ya que el tenía tantas no iba a notar si le faltaba una. El pez arcoiris era muy orgulloso y le dijo muy serío y antipático que de ninguna manera le daría una de sus preciosas escamas.
   El pececito azul se fue triste y asustado y les contó a los demás lo que había sucedido. Desde ese día los demás peces no quisieron jugar  con el Pez Arcoiris y le dieron de lado.
   El Pez Arcoiris no entendía como siendo tan guapo nadie quería hablarle ni estar con el. Entonces pidió ayuda a la estrella de mar. Pero ella no le supo contestar. La estrella le dijo que preguntara al pulpo Octopus, que era muy sabio y le daría la solución.
   Octopus le dijo que lo mejor que podía hacer era dar una de sus escamas a cada pez. ¿Cómo? ¿Regalar mis preciosas escamas?. Una difícil decisión para un pez tan presumido. ¿Será capaz de desprenderse de su hermoso traje para volver a tener amigos?

   Esta historia va de compartir, y de lo bien que te sientes cuando compartes algo, lo que sea. Y si encima es algo tan importante para ti como lo que te hace único, la sensación es aún más especial.

   Tendremos muy presente esta historia durante todo el curso y recordaremos sus enseñanzas.


martes, 12 de septiembre de 2017

UNIMOS "NUESTRAS LLAMAS" PARA TENER UN FELIZ CURSO 2017-2018

   El curso pasado celebramos por primera vez  LA FIESTA DE CURSO NUEVO en nuestro centro inspirándonos en un  magnífico articulo lleno de optimismo y entusiasmo animando a como habría que vivir el comienzo del curso que Miguel Ángel Santos Guerra escribió en EL ADARVE.

   "Deberíamos celebrar la llegada del Curso Nuevo como lo hacemos con el Año Nuevo. Con ese estallido de gozo  y de entusiasmo (...) La Fiesta de Curso Nuevo  estaría cargada de la ilusión del comienzo para los nuevos y del reencuentro para quienes vuelven a verse. Tendría el sentido de la celebración de  un proyecto que se construye en el marco de la comunidad educativa y estaría cargado de la ilusión y la esperanza de hacer un largo recorrido por las tierras  (o los mares o los cielos) del aprendizaje." 
Miguel Ángel Santos Guerra

 
  Nos gustó tanto que decidimos celebrarla todos los años y este año nos hemos inspirado en fueguitos... ¡sí, en fueguitos!


   El microrrelato que el escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió en su "Libro de los abrazos" titulado: 


nos ha servido como base para la celebración de este día.

   En nuestra clase la historia nos la ha contado la Bruja Tapita que con su escoba ha subido hasta el espacio y nos ha contado que desde allí la tierra parecía un montón de fueguitos, que todos eran muy diferentes... Nos ha ido diciendo como era cada uno de nuestros fueguitos: Unos chispeantes, otros tranquilos y siempre con llamitas sueltas para ayudar a las que se apagaban, otros fueguitos parecían que se apagaban y encendían sin cesar, otros que el viento los movía sin parar de un sitio a otro, otros que buscaban rinconcitos tranquilos para poder arder sin ser molestados... ¡Montones de fueguitos diferentes!

   Así es como somos nosotros y nosotras todos diferentes y todos y todas importantes.



    Hemos hecho más tarde un corro en nuestro patio de Educación Infantil y con los amiguetes de las otras clases hemos realizado nuestra antorcha metiendo de manera simbólica el fueguito que somos cada uno.




















   Cuando nuestra antorcha estaba completa con los fuegos de los niños y de las profes nos hemos ido al patio de los mayores para realizar la antorcha de ¡TODO EL COLE! 



   Marcos ha sido el encargado de poner nuestro fuego en la Gran antorcha y luego por turno un representante de cada clase han ido poniendo los suyos.


   Por último han puesto sus fueguitos el equipo de orientación, el equipo directivo, Socorro, nuestra conserje y Mercedes, nuestra cocinera como representante de todas las que trabajan en el comedor.

   Finalmente han añadido su fueguito Los representantes del AMPA como imagen de todas las familias.



     



   Ha sido un acto sencillo y bonito en el que hemos comprendido que la llama es mucho más grande y auténticamente efectiva cuando se tiene en cuenta a cada llamita que la forma, cuando se respeta que no todos los fueguitos son iguales pero que todos somo necesarios e importantes y que la suma de todos es la que a todos y todas nos hacer crecer como creadores de un mundo mejor.

   De regreso a nuestro patio hemos realizado un mural para tener también presente la ANTORCHA QUE NOS UNE  y hemos realizado en clase nuestra pequeña antorcha para nuestro fueguito, ese que nos llevamos a casa para recordar este día.











   Ojalá las palabras de Howard G. Hendricks que han quedado marcadas en nuestras antorchas se hagan realidad este curso y que en cada una de nuestras aulas, por los pasillos, por los patios, por el comedor, por los despachos... se note esa enseñanza que se hace de corazón a corazón y deje una huella imborrable.



   ¡FELIZ Y LLAMEANTE CURSO 2017-2018!

domingo, 3 de septiembre de 2017

ERASE UNA VEZ UN NUEVO COMIENZO...



   
   Y llegó ese momento de volver, de ir guardando en el cajón de los recuerdos todos los momentos de relax, de juego, de visitar lugares maravillosos, de reencuentro con los que queremos y comenzar a ilusionarnos con los que llegarán de nuevo...

   Pero eso no implica no vivir con ilusión el momento de comenzar el curso. Es fácil si nos proponemos proyectos ilusionantes y el mero hecho de volver a encontrarnos para compartir tiempos de juego, emociones y aprendizajes lo es.

   El inicio de un nuevo periodo escolar siempre lleva una chispa de entusiasmo que se percibe al llegar al aula, la alegre incertidumbre del ¿Qué pasará? Porque todo lo bueno comienza con un poco de miedo y nerviosismo.

   Es importante como docentes preguntarnos y recordarnos por qué estamos aquí y qué es lo que queremos. Me gusta repasar las palabras de Gaston Cortouis: "La tarea de la educación es delicada porque supone a la vez amor y desprendimiento, dulzura y firmeza, paciencia y decisión." Reflexionar sobre ellas me inspira en este nuevo inicio.

   No será fácil en muchas ocasiones pero de lo que debemos estar seguros es de valdrá la pena.

"Si me caí,
 es porque estaba caminando, 
y caminar vale la pena, 
aunque te caigas."
Eduardo Galeano

    Trabajar con niños es una invitación al optimismo, no puede ser de otra manera, Lo explica Savater con su habitual claridad: “En cuanto educadores no nos queda más remedio que ser optimistas. Y es que la enseñanza presupone el optimismo tal como la natación exige un medio líquido para ejercitarse. Quien no quiera mojarse, debe abandonar la natación; quien sienta repugnancia ante el optimismo, que deje la enseñanza y que no pretenda pensar en qué consiste la educación. Porque educar es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad innata de aprender y en el deseo de saber que la anima… Los pesimistas pueden ser buenos domadores pero no buenos maestros”.

 Este curso en nuestro pequeño mundo Ubuntu ya nos conocemos, somos buenos amigos y amigas, hemos dejado atrás nuestro primer año de pollitos y nos toca zambullirnos como peces de colores en mares y océanos de aventuras de aprendizaje y diversión. Deseo y casi estoy segura de que todas y todos regresamos con ganas, con un "poquillo" de pereza pero con alegría y con entusiasmo ¿No?

   En pocos días nuestro aula estará lleno de VIDA, porque cada mañana no nos proponemos prepararnos para la vida, nos proponemos: VIVIR. Vivir y disfrutar de cada momento. Nos proponemos enfocar cada jornada no con el propósito de estar allí si no de sentir, de observar, de inspirar, de escuchar, de amar, de dejarnos empapar y de irnos siempre con ganas de regresar. 

   Esta ilustración del blog Mi cole al día, me parece muy ilustrativa para comenzar este primer mes del curso.



 “Educar no es sólo una forma de ganarse la vida;
 es, sobre todo,
una forma de ganar la vida de los otros” 
Emilio Lledó.

¡FELIZ COMIENZO!

¡FELIZ CURSO 2017 - 2018!

¡FELIZ ZAMBULLIDA PECECITOS!


sábado, 19 de agosto de 2017

EL CASTILLO MÁGICO-MARAVILLOSO

CAPÍTULO VI

   Era un día de sol no especialmente caluroso teniendo en cuenta que era Agosto y los días anteriores las temperaturas habían sido bastante altas. Corría una brisa agradable y realmente se estaba estupendamente junto al mar.

   Carely había llegado a este pueblecito de la costa con su familia el día anterior para pasar unos días de vacaciones y esta mañana después de desayunar se habían preparado bien para pasar la primera jornada de playa: Sombrilla, toallas, unicornio hinchable, cubos, palas… Y tras darse una buena capa de crema por todo el cuerpo para proteger bien la piel de los rayos del sol, esto era lo que menos le gustaba a Carely, habían llegado a la playa.

   Carely y sus hermanos iban tremendamente ilusionados y nerviosos aunque escuchando las recomendaciones de sus papás de prudencia al entrar en el agua y de no alejarse mucho de donde habían instalado “su campamento”, a decir verdad, Enma y Carely escuchaban porque Yoye no sabía muy bien ni dónde iba, ni para qué eran las recomendaciones..  Rápidamente Enma y Carely se quitaron la ropa  mientras mamá ayudaba a Yoye con la camiseta  porque se había hecho un pequeño lío al intentar quitársela con prisas.

   Papá gritó – “¡Vamos, al agua!” – Y salieron corriendo.

   De repente Yoye se quedó paralizado al salir de la toalla y hundir sus piececitos en la arena, su cara expresaba la sorpresa y algo del malestar que le produjo ese contacto inicial, su papá y sus hermanas le animaban a seguirlos pero no se movió hasta que mamá dulcemente le cogió de la mano y le dijo – “No pasa nada, Yoye, ya verás que divertido.”-

   La cara de Yoye aún no expresaba  mucha confianza pero agarrado fuerte a la mano de su mamá llegó hasta que la primera ola rozó sus piernas y lanzó una risa nerviosa y asustada mirando a su madre con sorpresa.

   Enma salió del agua y se fue a por el unicornio hinchable, lo metió y empezaron a intentar subirse a él con la ayuda de papá, este les decía – “¡Vamos, tenemos que intentar subir todos a la vez!” – El unicornio no era lo bastante grande para eso por lo que el juego resultaba aún más divertido. Más tarde subieron a Yoye también mientras este decía - “…Pero, no me soltéis ¿eh?” -

   Después de un largo baño en la orilla salieron del agua agotados de la lucha contra las olas y el unicornio y comenzaron a hacer un castillo en la orilla. Carely se acercó a Enma y le comentó divertida con cara de pilla – “¿Sabes? Antes le he dicho a mamá que me hacía pis y me ha dicho que lo hiciera en el mar ¡De verdad, me lo ha dicho mamá! Da gustito…” – Enma soltó una risa cómplice y le dijo – “¡Pues, claro! Anda coge el rastrillo y alisa esa parte para poder hacer la muralla.” -

   Todos participaban en la construcción y a Yoye también le asignaron su tarea aunque él ya disfrutaba bastante con sólo estar cogiendo y soltando la arena echándosela por encima del cuerpo o hundiendo sus manitas en la arena.

   A punto casi de dar por terminado el castillo Carely se quedó quieta de repente y dejo la actividad para quedarse simplemente mirando... ¿Era el mar el que conseguía eso? ¿Tenían las olas un poder especial?  ¿Tenía esta arena cualidades extraordinarias? ¿Cómo conseguían que mayores y pequeños disfrutaran juntos así? ¿Acaso la brisa de la costa convierte en niños a los mayores? Estaban llenos de arena y no pasaba nada, su papá reía y se embadurnaba como ellos, no les regañaba por ensuciarse y jugaban como ellos. A su alrededor otros niños y niñas jugaban igual con sus papás y mamás.

   A su lado un niño que tendría su misma edad se tiraba pequeñas bolas de arena con su madre, se estaban poniendo perdidos… y un poco más lejos, metidos un poco en el agua un grupo de niños y adultos se tiraban el balón saltando entre las olas.

   Carely no entendía muy bien la razón pero se sentía inmensamente feliz  – “¡Carely, despierta!” – grito Enma sacándola de sus ensoñaciones – “¿No ibas a poner en la torre esa concha que habías encontrado?”-

   -“¡Sí, sí!” – contestó  y tras poner la pequeña concha en lo alto de la torre se lanzó  riendo a los brazos de su padre que estaba sentado cayendo los dos hacia atrás en la arena, abrazados.

  
 -“¿Qué nombre pondremos a nuestra fortaleza? “-  preguntó papá mientras se sacudía un poco la arena del bañador y Carely no lo dudó ni un segundo: 

“¡EL CASTILLO MÁGICO-MARAVILLOSO!” – 

   Ningún nombre le podía ir mejor para lo que le había hecho sentir, su familia soltó al unísono una carcajada.

   -“Y ahora… ¿Qué tal otro chapuzón?” -

Sin DISFRUTE en el juego, 
sin  COMPROMISO EMOCIONAL, 
no hay encuentro posible 
entre padres e hijos
 a través del JUEGO. 

   Los papás y las mamás siempre son el mejor juguete para sus hijos e hijas. Las interacciones que se dan en el juego familiar potencian las relaciones sociales (afecto, comprensión y adquisición de reglas sociales y lingüísticas) y crean oportunidades para explorar, aprender y refinar habilidades sociales.

   Cuando los adultos  jugamos nos transformamos y establecemos un espacio ficticio en el que dos generaciones pueden “igualarse” y dejarse llevar por reglas y acuerdos creados para jugar,  a través del juego, se recorta  la vida corriente, se cambian las reglas cotidianas y se construye un nuevo orden. 

    ¡Qué enorme desafío emocional para un adulto, dejar de tener el control total, atreverse a dejarse llevar por un momento!

   En el juego, el niño y la niña creen en su transformación y en lo que pueden lograr, a partir de allí, se van creando a sí mismos y van creciendo. Pero para que esto sea posible, es necesario que alguien que acompañe, otro que crea en la transformación y permitan con su mirada, con su actitud y con su palabra que se abran espacios, que se permitan y que no inhiban esa apuesta de quien quiere jugar.

   El vínculo y la cercanía con los padres, los posiciona en un espacio privilegiado, como los primeros compañeros de juego de los niños y los que acompañaran sus primeras experiencias lúdicas de placer y descubrimiento.

Dedicado a todos esos niños, niñas y familias desconocidas que tanto me hacen disfrutar mis paseos por la orilla del mar.





sábado, 29 de julio de 2017

¡ME DUELE MUCHO!

CAPÍTULO V

   Carely tenía un amigo en la clase que no era para ella como los demás, era un compañero por el que sentía un afecto especial.

   No sabía por qué se le quedaba mirando como tonta cuando este contaba algo y muchas veces elegía, si podía, sentarse a su lado. Admiraba como se colgaba de lo más alto del tobogán sin ningún miedo, le parecía… ¡Tan  fuerte!

   Pero, además, Carlos, que así se llamaba, solía ser amable con ella y eso le gustaba… le hacía sentir  bien, le hacía sentir feliz cuando se fijaba en ella.

   En el recreo pocas veces jugaba con él,  sus preferencias eran bastante diferentes y cada uno se divertía a su manera.

   Ese jueves de comienzos de invierno en el patio Carely estaba jugando con otro par de amigos a dibujar con unos palitos en la arena y se habían lanzado a escribir sus nombres. La arena estaba perfecta para ello porque hace dos noches llovió bastante.

   Sin saber ni cómo ha sentido un pie sobre su manita, alguien ha pasado corriendo persiguiendo a un amigo y posiblemente no se ha dado ni cuenta pero Carely al levantar la mirada ha podido ver que había sido Carlos el que la había pisado y seguía corriendo alegremente. Por un instante se ha quedado mirando muy fijamente.

   Después se ha levantado y ha corrido hacia Mirta llorando y repitiendo sin parar  – “¡Ay, me duele! ¡Me duele mucho!” –

   Mirta, cuando ha llegado hasta ella le ha pedido que le explicara lo qué había pasado – “Me ha hecho daño” – Le contó Carely – “Carlos ha pasado y me ha hecho daño ¡Me duele mucho!  Corría muy deprisa…”

   La profe examinaba la mano de la niña con atención sin ver nada importante y le preguntó – “Pero, Carely ¿Dónde te duele? ¿Alguno de los dedos? ¿Este, a lo mejor? ¿La manita...?” – sin que la pequeña parara de llorar.

   Entonces dijo – “Te voy a poner una tirita ¿Vale?” – Después del agua que es el remedio por excelencia para “curar” infinidad de cosas en el cole como enfados, pequeños golpes, berrinches… Bebe un poquito de agua, esa es la frase mágica que utilizada por una profe en un momento preciso es realmente eficaz. Pues las tiritas le van casi a la par… 

   A Carely le pareció una idea estupenda y su llanto comenzó a parar,  se fue quedando más tranquila mientras Mirta sacaba una tirita de la clase.  -“Ahora me tienes que decir dónde te duele exactamente para que te ponga la tirita en el sitio indicado, Carely”- le dijo  Mirta mientras quitaba el envoltorio de aquella tirita de colorines.

   Carely empezó a mirarse su mano por arriba y por abajo mientras movia despacio sus deditos y ya sin llorar dijo bajito – “No me ha dicho ni perdón…” y siguió observando su mano.

   Mirta había terminado de retirar el papelillo del envoltorio y volvió a preguntar – “Venga, a ver ¿Dónde te duele más? ¿Dónde te la pongo?”-


   Carely dejó de mirar la mano y comenzó a levantarse la sudadera y la camiseta hacía arriba todo lo que pudo – “¿Me la puedes poner aquí? ¿Puedes ponérmela en el corazón?” –


   La profe sonrió y con cuidado pegó la tirita en el pecho de Carely – “Me han dicho que esta tirita es una de las mejores para los dolores de corazón.” -




Los niños  APRENDEN

 la inteligencia emocional 

en la VIDA REAL

   Esta frase de Daniel Goleman, el gran psicólogo estadounidense, deja bien claro que podemos plantear múltiples actividades para trabajar con los niños la gestión de las emociones, pero es la vida real la que realmente les enseña.

    Saber aprovechar las situaciones cotidianas, los pequeños conflictos, las vivencias con los iguales para ayudarles a echar una mirada al interior y observar cuales son los sentimientos que se  despiertan o las emociones que les ha provocado. Intentar ponerle nombre para saber reconocerla más adelante es crucial para el correcto desarrollo emocional en la primera infancia.

Dedicado a Carmen y su dolor de corazón

sábado, 22 de julio de 2017

¿DÓNDE ESTÁ CARELY?

CAPÍTULO IV

   Este sábado a Carely le esperaba un intenso y feliz día en el Parque de Atracciones. Sus papás les habían prometido que se quedarían hasta la noche y verían los espectáculos de luz y sonido. Carely y sus hermanos estaban súperemocionados. Aún no hemos hablado de  sus hermanos ¿verdad?

   Carely tiene dos hermanos una  mayor, Enma, que tiene 6 años y ya ha pasado a primaria y un hermanito pequeño, Yoye, que está a punto de cumplir dos años y habla con una lengua de trapo muy graciosa.

   Enma es algo tímida y se parece mucho a Carely físicamente, se llevan bastante bien y se divierten y juegan frecuentemente  juntas. Aunque en algunos momentos puedan saltar chispas entre ellas, sus enfados no duran mucho.

   Estaba ya atardeciendo y toda la familia ya había disfrutado muchas horas de las divertidas atracciones antes y después de comer. A Carely y su hermana sobretodo les había fascinado montar en esas ruedas que iban tan rápido por el agua, "Los Rápidos”, se habían mojado un montón, el día invitaba a ello y habían repetido hasta tres veces.

   Ahora estaban buscando un lugar donde tomar algo fresco y merendar e iban charlando animadamente mientras papá ya había cogido a Yoye en brazos ya que era él había comenzado a dar algunas  muestras de cansancio.

   De repente la mamá miró alrededor y dijo – “¿Dónde está Carely?” –

   Todos se pararon y comenzaron a observar a un lado y al otro y en segundos Enma dio el primer grito –“¡Carelyyyyy!” –


   El papá intentó poner calma diciendo que no podía estar muy lejos, siguieron llamándola pero pasaron algunos minutos y se empezaron a poner nerviosos.

   El papá puso a Yoye sobre los brazos de su mamá e indicando que no se movieran de allí se dirigió a uno de los puestos donde hay personas encargadas del Parque para que dieran el aviso y lo dijeran por los altavoces del recinto.

   Cada vez estaba un poco más anochecido y Enma comenzó a llorar – “¿Dónde está, mamá? ¿Por qué no aparece?” –  mientras su madre intentaba tranquilizarla.

   Personas que les estaban observando se acercaron para intentar ayudar  y tras una pequeña descripción de la niña por parte de sus padres se repartieron por diferentes lugares para intentar encontrarla.

   Tras treinta amargos minutos más o menos vieron llegar algo lejos a un vigilante de las instalaciones con Carely de la mano, esta se había despistado un momento mientras caminaba con su familia mirando como unos chicos se ponían perdidos con un enorme algodón de azúcar  y cuando se quiso dar cuenta ya no sabía hacia dónde se habían dirigido y había comenzado a dar vueltas y vueltas desorientada.

   Cuando su madre la vio salió corriendo hacia ella y comenzó a gritar enfadada  – “¿Dónde te habías metido? ¡Siempre vas despistada! ¡Te lo he dicho cientos de veces y al final, mira lo que ha pasado! ¡No sabes…!” –

   Carely todavía sin soltar la mano del vigilante y  reflejando en sus ojos  ese brillo que dan las lágrimas que aún no se atreven a salir, dijo bajito  – “¡ Tranquila mamá … yo también me he asustado” –

   Su madre la abrazó con fuerza y comenzaron las dos a llorar.


Educar en la AUTENTICIDAD

 no significa querer niños y niñas perfectos

 si no que estos aprendan a EXPRESAR,

a través de sus acciones

 lo que REALMENTE sienten y piensan.


   Son muchas las ocasiones en las que los niños nos demuestran el infinito amor que nos profesan  siendo capaces de ver más allá de las actitudes que les mostramos. 

   Mostrarnos auténticos con ellos, a veces con nuestras debilidades, no es malo si después conversamos con ellos sobre lo ocurrido y les ayudamos y nos ayudamos a nosotros mismos a sacar los aprendizajes positivos de cada experiencia.

   ¿Qué es mejor mostrarnos cómo el adulto perfecto que siempre “da lecciones para que aprendan” o mostrar nuestras emociones de forma sincera y real ?

Dedicado a Manuel y a su mamá.

sábado, 15 de julio de 2017

LA RABIA DE BERTA

CAPÍTULO III

   El momento de entrar en el aula por la mañana después de que Mirta, su profesora, le diera los sonrientes “Buenos días” y siguiera saludando uno por uno a los que iban llegando era uno de los que le gustaban a Carely. Mientras intentaba dejar del derecho las mangas de su abrigo y algún otro luchaba contra esa cremallera imposible que siempre se atasca, hablaban y comentaban lo que habían traído de almuerzo, admiraban la camiseta nueva de ese que la estrenaba hoy y otro mostraba orgulloso los últimos cromos que le habían comprado…
   Poco a poco iban tomando su lugar en la alfombra y al llegar Mirta con ellos se callaban para empezar las rutinas de la jornada.
   Hoy estaban hablando sobre lo importante que es cuidar los árboles y la naturaleza en general, que gracias a ellos nuestro aire es puro y podemos respirar y estaban aprendiendo el nombre de algunos clasificándolos en a los que se les caen las hojas ahora en otoño y a los que no.
   Berta no dejaba de dar golpes con la cabeza en la pared y cuando la profe le decía que parara comenzaba  a hacerlo con los pies en el suelo. La verdad es que Carely ya había observado que Berta había tardado en colgar su abrigo y dos o tres veces lo había tirado al suelo hasta que, por fin, había ido hacia la alfombra.
   De pronto Berta se quitó los zapatos y los lanzó a lo alto, Martín ha cogido uno y cuando se lo ha ido a dar Berta esta le ha pegado en el brazo con él – “¡Déjalo ahí! ¡Es mío!” – Le ha gritado y se ha puesto a llorar y patalear.
   Mirta le ha dicho que eso no estaba bien, que estaba molestando a todos los amigos y amigas. Carely pensaba lo mismo, Berta se estaba portando muy mal y les estaba molestando a todos.
   La profe le ha dicho que se fuera un ratito fuera de la alfombra y que podía regresar cuando decidiera que ya se iba a comportar de manera que no interrumpiera al grupo pero Berta no paraba de llorar y gritar – “¡No, no, no, no quiero!” –
   Entonces la profe Mirta, muy bajito le ha dicho – “Anda, Berta, ven aquí.” –
   Berta se ha levantado y cuando ha ido hacia donde estaba sentada Mirta esta ha abierto sus brazos, Berta se ha echado hacia ellos y se  ha abrazado fuertemente. La profe ha hecho lo mismo y mientras Carely y los demás esperaban mirando para ver qué pasaba notó que Berta ya lloraba más bajito, que Mirta le acariciaba con dulzura su espalda y que por alguna razón ella ya tampoco estaba contrariada por el comportamiento de Berta.
   Mirta preguntó – “¿A quién le toca colocar el próximo árbol en su sitio?”

Carely observó y se miró por unos segundos en los ojos de su profe Mirta y comprendió que ella no lo entendía muy bien, pero: “la profe sabe más…”

Tendemos a creer que el PROBLEMA del niño es la ACTITUD sin pararnos a pensar que EMOCIONES y SENTIMIENTOS está disfrazando.

   Un niño puede experimentar rabia y expresarla al ver limitada su capacidad de acción, su necesidad o como forma de mostrar su “no entendimiento” de lo que sucede alrededor.
   El problema es que  expresar sus emociones de manera violenta y rabiosa está mal visto. La mente del niño está en desarrollo y no tiene las herramientas necesarias para controlar esas emociones, por lo que, en la mayoría de las ocasiones, se ven invadidos por ellas y por lo que eso conlleva. 

   Hay niños que al estar tristes no hablan, se rinden a la tristeza y todos comprendemos lo les pasa. Sin embargo a los que se enfadan con su tristeza y atacan porque tienen miedo de ser atacados, nadie les entiende. Atacan y se les ataca y eso va haciendo cada vez más grande su tristeza y también su enfado. Les aislamos y ellos se sienten cada vez más solos, más tristes y más enfadados.

   Los adultos, sin querer, enviamos este mensaje a la mente del niño: “No es bueno que expreses tu rabia” y entonces aparece el miedo a sentir rabia, y la frustración de no poder expresarla. 

   Muchos de nosotros estamos limitados emocionalmente y solo podemos permitirnos aflorar sentimientos aceptados o “bien vistos” en nuestro entorno familiar y social. Esto confunde a los niños. 

   Enseñemos a los niños a manejar sus emociones.

Dedicado a Bernardina y su rabia.

sábado, 8 de julio de 2017

CARELY Y SU AMIGA MARÍA

   CAPÍTULO II

   Hoy es el primer día de la semana, es lunes. El lunes es un día bonito para Carely, es el día en que se reencuentra con sus amigos y amigas del cole tras dos días divertidos vividos con su familia.

   Los lunes le encanta llegar a la asamblea contar sus noticias y escuchar las noticias de los demás, a veces lo que cuentan sus amigos y amigas le dan ideas de cosas que hacer y en ocasiones regresa a casa diciendo por qué no hacen un viaje a tal sitio para ver ciervos como tal amigo o por qué no van a bañarse a un río con muchas piedras como aquel otro…

   A los papás de Carely no les gustan los lunes, siempre les oye decir:
-          “Otra vez lunes”-  con cara de enfado y desgana – “¡Qué pronto se acaba lo bueno!” –

   Ella no entiende el por qué y sus papás le dicen que ya lo entenderá cuando sea mayor, así que Carely no piensa más en ello: A ella le gustan y ya está. 

   Esta mañana parecía que iba a llover pero al final a lo largo de las primeras horas ha comenzado a salir el sol y se ha quedado una mañana de otoño radiante.

   Mientras Carely jugaba con María, una compañera de clase, a hacer collares con unas cuentas que tenían diferentes formas de objetos del mar: conchas, caracolas, peces…han pensado que sería divertido jugar en el patio de recreo a ser sirenas. Han discutido un poquito para ponerse de acuerdo sobre quién sería Ariel pero al final han decidido que las dos serían Ariel.

   Han disfrutado enormemente jugando juntas, han “nadado” por todo el patio y han danzado por la arena. Se han reído muchísimo intentando bailar sin separa las piernas como si tuvieran cola y se caían o tiraban a adrede  al suelo muertas de la risa.

   A la salida, de regreso a casa Carely va narrándole a papá su jornada en el cole:

-          “¡Qué bien me lo he pasado jugando con María! Éramos sirenas y…” -

   Su padre le interrumpe con aire pensativo - “¿María? No sé quién es María” -

-          “María, mi amiga del cole” – contesta rápidamente Carely y continua – “cuando nos tirábamos a la arena nos daba un montón de risa, y…”

-          “¡Ah!” – dice de pronto otra vez su padre interrumpiendo – “María, la niña chinita de tu clase.”


-          “No.” – dice Carely con extrañeza mirando a su padre – “Sólo: María.”- y continua alegremente contándole a su padre el divertido juego con el que las dos amigas han pasado un recreo tan especial.

Los niños y niñas
 aceptan LA DIVERSIDAD 
como algo natural.
 NO hay que enseñarles.



   A esta edad, aunque los niños y niñas normalmente se identifican claramente a sí mismos y a otros como varones o hembras, aún no lo hacen por raza. Todavía no son capaces de categorizar de esta manera. Un niño que advierte una diferencia en el color de la piel no comprende la diferencia entre una raza y otra y menos aún le dan un rango social.


   Los niños observan las reacciones de los padres, de los adultos para aprender valores morales y aprenderán de nuestras acciones además de aprender de nuestras palabras.


   Al igual que con otros temas, poco a poco irá mostrando interés y empezarán a hacer preguntas. Según respondamos a su curiosidad los niños podrán ir asimilando la riqueza tan grande que nos aporta la diversidad no sólo la de razas, también la de ideas, la de creencias, la de costumbres…

Dedicado a Leo Ropero Rodríguez y a su mamá.

sábado, 1 de julio de 2017

CARELY Y LA NIÑA TRISTE

CAPÍTULO I

   Carely tiene cuatro años, no los ha cumplido hace mucho, invitó a unos poquitos amigos y amigas a merendar en casa y luego jugaron toda la tarde. Le cantaron cumpleaños feliz y aún se sonroja un poco al recordarlo pero ¡Se sentía tan dichosa! Sus papás le habían hecho una tarta de fresas, la que a ella más le gusta y todos lo habían pasado genial.

    Carely es menudita para su edad aunque un poquito regordeta. Tiene unos ojos castaños que brillan de una manera intensa cuando observa todo cuanto le rodea y que se detienen en los pequeños detalles y acontecimientos que ocurren a su alrededor de una manera muy especial. 

   En algunas ocasiones Carely no dice nada, mira y mira, analizando en su interior pero otras veces puede volver con sus preguntas realmente locos a los que tiene cerca.

   Hoy había ido mamá a buscala al cole y ahora están terminando de comer. Su mamá ya está recogiendo mientras Carely acaba la manzana que se está tomando de postre.

-          “Mamá hoy una niña estaba triste en el cole.” -  comenta de repente.

-          “Ah! Sí...” - Su madre contesta sin nada de entusiasmo mientras está metiendo las cosas en el lavavajillas. Hoy ha tenido un día cansado en el trabajo, bueno como casi todos y está deseando terminar para sentarse un ratito frente a la tele y descansar.

-          “Es importante que alguien esté triste ¿verdad mamá?” – insiste Carely.

-          “Claro, claro…Carely” – dice su madre con desgana mientras recoge un pequeño trozo de piel de manzana que su hija ha dejado caer sin querer mientras llevaba el plato hacia la encimera.

-          “Entonces ¿Por qué no te preocupas?” – Ahora el tono de Carely se ha tornado algo más inquisitivo.

-         “Porque no la conozco y además, cariño, seguro que ya no lo está.” – Su mamá le sonríe, ha terminado de recoger y sólo le queda dar un barrido rápido antes de reposar y recuperar fuerzas.

-          “Si te hubiera preocupado te contaría quién es. Es Rocío, lleva siempre unas deportivas muy chulas de color verde, sabe pintar mariposas muy bien y me gusta jugar con ella en el arenero a hacer albóndigas. ¿Cómo sabes que ya no está triste?” – Ahora Carely parece un poco contrariada y su gesto hace adivinar que  no está contenta.

-          “Pues, Carely porque ha pasado mucho rato desde que habéis salido del cole y ya estará en su casa…” – Su mamá contesta paciente e intentando poner  cariño en sus palabras.

-          “¿Cuánto rato dura la tristeza, mamá?” – vuelve a preguntar mientras se para camino del salón.
-          “Pues depende, Carely, si es algo muy importante puede durar mucho tiempo, si es una tontería pues se pasa en seguida.”

Entonces Carely fija los ojos en su madre mientras esta se acaba de sentar en el sofá – “¿Y por qué sabes que lo que le pasa a Rocío no es importante?”

-          “Porque seguramente será por algo que ha pasado en el cole y ya se le habrá olvidado…”

-          “A mí no se me ha olvidado que ella estaba triste, mamá  ¿Por qué a ella se le va olvidar por qué lo estaba?”
 

-          “Está bien, Carely ¿Y qué quieres que haga yo?”

-          “Nada, mamá…Sólo te lo contaba...  Yo... le he dejado a  Suavín”



 AMAR no es sólo QUERER
es también
COMPRENDER
y
CONECTAR

   La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, acercarse a lo que siente sin la necesidad de que lo exprese, intentando entender su momento en un ambiente de respeto.

   Aprender a ser empáticos es un gran avance en nuestra capacidad de relacionarnos con nuestros semejantes, de ser capaz de ayudarlos sin juicios dañinos.

   Cuando los niños son muy pequeños piensan que son el centro del mundo, que todo gira alrededor de ellos, poco a poco van identificándose con las emociones de los otros, de los personajes de los cuentos, por ejemplo, de esta manera comienzan a desarrollar la capacidad de empatizar.

   Los niños y niñas aprenden con el ejemplo de los adultos. Aprenden imitando sus comportamientos. Si los adultos prestamos atención a las cosas que les ocurren y les hacemos ver que nos importan y tenemos en cuenta sus opiniones, con seguridad, haremos que sean empáticos con los demás. Las situaciones cotidianas son la escuela para el aprendizaje de la empatía.

   Son muchas las ocasiones en que los adultos llegamos a convertirnos en padres y madres con la capacidad de empatía dañada. Cuando fuimos niños puede ser que no fuéramos escuchados, que no fuéramos respetados en nuestras opiniones que se negaran nuestros sentimientos y emociones, que se minimizaran nuestras necesidades de consuelo o no se valoraran nuestras muestras de cariño.

   Como en tantas otras cosas, si queremos que nuestros niños y niñas sean empáticos volvamos la vista hacía nuestro interior, curemos nuestros pequeños o grandes daños emocionales o al menos seamos conscientes de ellos como un primer paso para la cura y nos convertiremos en el adulto acompañante que nuestros niños merecen tener.

Dedicado a Alicia y ese muñeco que ella adoraba.