sábado, 22 de julio de 2017

¿DÓNDE ESTÁ CARELY?



   Este sábado a Carely le esperaba un intenso y feliz día en el Parque de Atracciones. Sus papás les habían prometido que se quedarían hasta la noche y verían los espectáculos de luz y sonido. Carely y sus hermanos estaban súperemocionados. Aún no hemos hablado de  sus hermanos ¿verdad?

   Carely tiene dos hermanos una  mayor, Enma, que tiene 6 años y ya ha pasado a primaria y un hermanito pequeño, Yoye, que está a punto de cumplir dos años y habla con una lengua de trapo muy graciosa.

   Enma es algo tímida y se parece mucho a Carely físicamente, se llevan bastante bien y se divierten y juegan frecuentemente  juntas. Aunque en algunos momentos puedan saltar chispas entre ellas, sus enfados no duran mucho.

   Estaba ya atardeciendo y toda la familia ya había disfrutado muchas horas de las divertidas atracciones antes y después de comer. A Carely y su hermana sobretodo les había fascinado montar en esas ruedas que iban tan rápido por el agua, "Los Rápidos”, se habían mojado un montón, el día invitaba a ello y habían repetido hasta tres veces.

   Ahora estaban buscando un lugar donde tomar algo fresco y merendar e iban charlando animadamente mientras papá ya había cogido a Yoye en brazos ya que era él había comenzado a dar algunas  muestras de cansancio.

   De repente la mamá miró alrededor y dijo – “¿Dónde está Carely?” –

   Todos se pararon y comenzaron a observar a un lado y al otro y en segundos Enma dio el primer grito –“¡Carelyyyyy!” –


   El papá intentó poner calma diciendo que no podía estar muy lejos, siguieron llamándola pero pasaron algunos minutos y se empezaron a poner nerviosos.

   El papá puso a Yoye sobre los brazos de su mamá e indicando que no se movieran de allí se dirigió a uno de los puestos donde hay personas encargadas del Parque para que dieran el aviso y lo dijeran por los altavoces del recinto.

   Cada vez estaba un poco más anochecido y Enma comenzó a llorar – “¿Dónde está, mamá? ¿Por qué no aparece?” –  mientras su madre intentaba tranquilizarla.

   Personas que les estaban observando se acercaron para intentar ayudar  y tras una pequeña descripción de la niña por parte de sus padres se repartieron por diferentes lugares para intentar encontrarla.

   Tras treinta amargos minutos más o menos vieron llegar algo lejos a un vigilante de las instalaciones con Carely de la mano, esta se había despistado un momento mientras caminaba con su familia mirando como unos chicos se ponían perdidos con un enorme algodón de azúcar  y cuando se quiso dar cuenta ya no sabía hacia dónde se habían dirigido y había comenzado a dar vueltas y vueltas desorientada.

   Cuando su madre la vio salió corriendo hacia ella y comenzó a gritar enfadada  – “¿Dónde te habías metido? ¡Siempre vas despistada! ¡Te lo he dicho cientos de veces y al final, mira lo que ha pasado! ¡No sabes…!” –

   Carely todavía sin soltar la mano del vigilante y  reflejando en sus ojos  ese brillo que dan las lágrimas que aún no se atreven a salir, dijo bajito  – “¡ Tranquila mamá … yo también me he asustado” –

   Su madre la abrazó con fuerza y comenzaron las dos a llorar.


Educar en la AUTENTICIDAD

 no significa querer niños y niñas perfectos

 si no que estos aprendan a EXPRESAR,

a través de sus acciones

 lo que REALMENTE sienten y piensan.


   Son muchas las ocasiones en las que los niños nos demuestran el infinito amor que nos profesan  siendo capaces de ver más allá de las actitudes que les mostramos. 

   Mostrarnos auténticos con ellos, a veces con nuestras debilidades, no es malo si después conversamos con ellos sobre lo ocurrido y les ayudamos y nos ayudamos a nosotros mismos a sacar los aprendizajes positivos de cada experiencia.

   ¿Qué es mejor mostrarnos cómo el adulto perfecto que siempre “da lecciones para que aprendan” o mostrar nuestras emociones de forma sincera y real ?

Dedicado a Manuel y a su mamá.

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